motricidad vacaciones

De nuevo ha llegado la época estival y con ella las tan esperadas vacaciones para muchos. El buen clima y el sol radiante nos invitan a salir y disfrutar en familia, ya sea en el mar o en la montaña.

En este periodo los más pequeños no paran un minuto quietos y muchos puedan pensar que no hacen nada, pero ¿os habéis fijado en la cantidad de cosas que hacen? Todos sus juegos conllevan aprendizajes y contribuyen a su desarrollo, por ejemplo, para favorecer su grafomotricidad. Te preguntarás, ¿tendrá que ver algo nadar o jugar con la arena con su preparación para la escritura? Pues te va a sorprender todo lo que se trabaja un día junto al mar o dando un simple paseo por el campo…

La grafomotricidad es una especialización motriz

Aunque este título pueda parecer obvio, a veces se nos olvida que cada paso en el proceso de maduración es necesario para pasar al siguiente nivel.  Los seres humanos vamos adquiriendo mayor control y conocimiento de nuestro cuerpo a medida que vamos creciendo, desde la cabeza a las extremidades, desde lo más próximo al cuerpo a lo más alejado.

Es por eso que en cada etapa no sólo es bueno sino además necesario que el pequeño pueda moverse con libertad y entre en contacto con lo que le rodea, para ir ampliando sus sensaciones, pueda probar sus capacidades y se llene de experiencias que le enriquezcan a todos los niveles.

Así pues, cualquier actividad que suponga fortalecer su tono corporal, desarrollar el equilibrio, la visión, el tacto, etc. va a contribuir en una correcta maduración del niño, lo que facilitará como resultado una mayor preparación para el momento que deba utilizar de forma especializada sus manos y dedos.

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“Quizás lo que hago parece insignificante, pero es importante que lo haga”

¡De vacaciones!

Durante el período vacacional es habitual hacer salidas o pasar estancias en la playa o la montaña. En cualquiera de estos espacios naturales es común realizar actividades como las que enumeramos a continuación, y en las que involucramos a nuestros hijos en la medida de sus posibilidades. Veamos que estamos favoreciendo en cada una de ellas:

1.Nadar

Todos sabemos los muchos beneficios de la natación. En el tema que nos ocupa, permite ejercitar la coordinación de todo el cuerpo así como la orientación espacial. Cuando escribimos también debemos coordinar nuestros movimientos, saber qué va primero y qué después, y orientarse en un espacio concreto y con unas direcciones determinadas sobre el papel.

2.Escalar

Esta es otra excelente actividad para trabajar la coordinación del cuerpo y las extremidades. Fortalece la musculatura de todo el cuerpo, y en concreto la de brazos, manos y dedos. También está involucrado el equilibrio y la orientación espacial, fundamentales para comprender nuestro cuerpo y sabernos situar en el espacio gráfico.

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3.Jugar en la arena o el barro

La manipulación de estos materiales nutre de sensaciones las manos y los dedos de los pequeños y, por tanto, nuestra conciencia corporal sobre ellos. Además entrena la musculatura específica de manos y dedos y permite segmentar los movimientos del brazo y el antebrazo.

Precisamente, necesitamos de un tono muscular adecuado y de la conciencia de mano y dedos para sostener el instrumento y presionarlo sobre la superficie en la que vamos a escribir.

4.Recoger elementos naturales (palos, piedras, conchas,…)

Esta actividad tan sencilla y común entre los niños hace posible fortalecer la prensión de índice y pulgar, dos de los dedos más importantes a la hora de sostener cualquier instrumento de escritura. Además, al buscar y rastrear se entrena la acomodación visual central y periférica, y la coordinación ojo-mano, tan necesarias al situarnos frente a una hoja de papel.

5.Jugar con las palas

Estaremos de acuerdo que una mano fuerte se cansa menos cuando debe hacer un ejercicio sostenido. Es así como jugar con las palas favorece la prensión con la palma de la mano y la movilidad de la muñeca.

En la escritura una mano con buen tono muscular, tomará con mayor firmeza el instrumento con el que escribimos y podrá aguantar por más tiempo el ejercicio grafomotor. Además, la soltura de la muñeca permitirá que el niño pueda hacer sus trazos sin involucrar todo el brazo en el movimiento, y así se hará más eficiente a la hora de ejecutar las formas sobre el papel.

6.Dirigir una cometa

Con esta actividad tan amena, se consigue entrenar la visión periférica, la coordinación ojo-mano y las direcciones espaciales (arriba-abajo, izquierda-derecha), además de la correcta posición corporal. Todo ello es necesario para ponerse frente a una hoja de papel.

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7.Caminar sobre las piedras

Insistimos de nuevo en la importancia de la psicomotricidad gruesa. Cuando el niño camina sobre unas piedras, pone en juego su equilibrio, su visión y su posición corporal, para seguir el recorrido sin caerse. Sin una buena conciencia corporal, sin entender los conceptos de espacio y movimiento, difícilmente podría extrapolarlo a un trabajo tan preciso como es el de realizar su grafismo.

8.Dibujar en la tierra con un palo

Sin duda esta actividad es la que se asemeja más al acto gráfico. EL pequeño va a poner en juego la prensión de los dedos implicados en la escritura y tendrá la oportunidad de probar la resistencia al deslizar el instrumento sobre una superficie, así como la fuerza que debe ejercer para dibujar y trazar formas.

9.Jugar a la pelota

Sea o no verano, esta actividad está presente en el día a día de la mayoría de niños y niñas. Se trata de un ejercicio muy completo, porque implica la coordinación de manos y pies, de ojos y manos, la orientación y el movimiento en el espacio, y también el equilibrio y la visión.

El terreno de juego vendría a ser como un enorme papel donde el niño se mueve en las diferentes direcciones, tomando en cuenta a los otros elementos de su alrededor. Y la escritura tiene mucho de esto aunque en un espacio más acotado.

10.Hacer castillos de arena o de fango

Por sencillo que parezca, trasladar arena o fango de un lugar a otro, trabaja la direccionalidad del movimiento, el cálculo de las distancias y el volumen (aunque sea a un nivel muy elemental), la coordinación visuomotriz y la visión central y periférica. Sostener y girar los cubos fortalece la musculatura de manos y brazos, y entrena la muñeca para hacer gestos rotatorios.

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Y si nos fijamos realizar gestos gráficos también implica una direccionalidad, la coordinación de ojo y mano para guiar el movimiento, y la movilidad de la muñeca para subir y bajar haciendo recorridos cortos.

Podríamos seguir enumerando muchas más actividades de ocio al aire libre con los pequeños, y que realizamos todos con frecuencia con nuestros hijos (sea o no verano). Con estos ejemplos queremos transmitiros la idea que, un niño en acción, que interactúa libremente con el entorno, está poniendo en juego todas sus capacidades. Por eso, cada juego, cada actividad en la que el niño se involucra no tengáis ninguna duda que es necesaria que la haga y sentará las bases necesarias para nuevos aprendizajes más específicos y especializados.

Y vosotros, ¿qué vais a hacer estas vacaciones?

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