Ya han pasado más de dos meses desde el inicio del curso escolar, y muchos de vosotros estaréis viviendo esta experiencia por primera vez, junto a vuestros pequeños. Yo no os puedo hablar de ello en primera persona, pero sí puedo dar voz a casos que conozco y hacer difusión del proceso de adaptación escolar que han vivido.

Conozco uno muy cercano que no me ha dejado indiferente, porque desde el centro escolar no se ha facilitado en ningún sentido un proceso respetuoso ni con el niño ni con la madre, teniendo en cuenta que es además el primer año de escolarización.

Cito textualmente la carta que esta madre me ha hecho llegar sobre su caso: 

“Cuando Judit me planteó escribir mi experiencia de la entrada en la escuela de mi hijo, solamente le pude decir que tenía que dejar pasar el tiempo, estaba demasiado enfadada, triste y decepcionada para escribir algo sin ser demasiado agresiva. Ahora vuelvo a recordar mucho más tranquilla, segura y feliz la decisión tan importante que lo cambió todo.

Apostamos por una escuela que prometía ser diferente de la convencional, una escuela nueva con un proyecto diferente, donde el objetivo principal durante toda la etapa de primaria era que el niño jugara. Una escuela respetuosa con el niño y con sus ritmos de aprendizaje, dónde lo más importante era que el niño se sintiera querido y cuidado emocionalmente y no se le obligara en ningún momento a hacer nada que él no quisiera.

Escribí una carta a la dirección de la escuela antes de empezar para que supiesen que me había enamorado de aquel proyecto y que apostaba por una escuela así, convencida de que las propuestas que tenía en la cabeza y que creía absolutamente necesarias para una mejora en el bienestar de nuestros pequeños, serían acogidas con mucha ilusión por parte de todo el equipo directivo.

Mi primera decepción vendría antes de empezar la escuela, cuando el equipo directivo me cita a hablar con ellos después de leer mi carta. Me dijeron que a pesar de que creían que no podrían llegar a todo lo que yo pedía, intentarían que llegásemos a un acuerdo. Entre otras cosas, el acuerdo más importante en aquel momento era que facilitaran a todos aquellos padres que quisieran y pudieran un espacio donde estar (un rincón de padres) durante el periodo de adaptación desde donde acompañar a nuestros hijos hasta que ellos estuvieran preparados, sin estorbar la dinámica del aula pero siendo presentes en la escuela, una adaptación de verdad, flexible, individual y respetuosa hacia el pequeño.

No explicaré día por día ni detalle por detalle, porque tendría para escribir un libro. Estuve en la escuela los tres únicos días reglamentarios de adaptación que te dan. Desde el primer momento ya me sorprendió que al cabo de pocos minutos de haber empezado la escuela, era la única madre que quedaba en el aula y mi hijo el único niño que jugaba feliz, a sus aires, tranquilo y seguro, porque su madre lo acompañaba. Tampoco entraré a explicar todo lo que fui viendo, aunque otros adultos como directora, jefe de estudios, secretaria y profesores de refuerzo también vieron y nadie dijo nada.

Esto es lo que más me duele, y es que ya lo he vivido antes, en la calle, en el parque, con familiares…, pero claro cuando se trata de profesionales de la educación y de un espacio donde estará tu hijo muchas horas al día, durante cinco días a la semana creo que es una parte muy importante de su vida, esto duele de verdad. Y me llama la atención que actitudes que serían muy evidentes entre adultos y calificadas como intolerables y nada respetuosas, cuando se trata de niños pasen desapercibidas.

Me reuní con la dirección en tres ocasiones más para hablar de todo lo que creía que no estaban respetando según lo que ellos habían vendido en unas jornadas de puertas abiertas, donde presentaban y defendían su proyecto. Expliqué todo lo que no me había gustado, todo lo que creía que no podía ser así. Intenté hacer ver otros puntos de vista, dar ideas que mejoraran y enriquecieran la escuela pública del pueblo. Recordé que la escuela se vendía como abierta y respetuosa y creía que no era esta la realidad vivida. Lloré y acepté que no me dieran un rincón de padres, pero entonces esto ya era lo de menos. Había tantas otras cosas por cambiar, tan importantes, que no podía tolerar, era tan fuerte todo lo que no me gustaba, que ya no podía luchar y dejar a mi hijo allí solo.

Las personas que podían cambiar algo en aquel sistema tan bien instaurado no hablaban el mismo idioma que yo. Me sentía sola luchando contra un gigante que no quería hacer nada.

Ahora con el tiempo, me siento liberada y segura de esta decisión tan poco entendida por la mayoría de adultos de mi entorno y de la sociedad en general (desescolarizar), que actúa como corderos sin cuestionarse nada ni salirse del camino que ya está marcado. Tres días de adaptación reglamentaria fueron suficientes para darme cuenta que aquella no era la escuela que yo quería para mi hijo. Creo que los valores que actualmente se están transmitiendo en la mayoría de escuelas no contribuyen para nada a un mayor bienestar en la salud emocional de nuestros pequeños.

Anabel Yeste”

Sin duda un testimonio contundente y sincero.

Me ha parecido interesante compartirlo e invitaros a la reflexión sobre qué información tenemos de nuestros pequeños cuando no podemos estar a su lado, y sobre la importancia de contar con herramientas que nos permitan saber cómo se está adaptando el pequeño a un nuevo entorno y cómo lo está viviendo.

Los padres no estamos ahí en persona todo el tiempo para ver de primera mano cómo están viviendo nuestros hijos esta importante etapa en sus vidas, y nos basamos en lo que los profesores nos comentan, que sin duda es una información importante, pero no es de primera mano, y los que conocemos a nuestros hijos verdaderamente somos los padres y podemos notar cosas que el profesor desconoce.

Creo que es necesario implicarse en el proceso y estar atentos a las señales que nos envían los pequeños respecto como están viviendo la escolarización, porque ni todos los niños son iguales ni todos los educadores tienen el mismo enfoque, y nuestros hijos se pasan muchas horas en un contexto distinto al de casa con normas muy concretas. No basta con escuchar el proyecto educativo que exponen en las reuniones informativas y con tutorías espaciadas en el tiempo. Conocer la práctica real en el aula y la percepción que tiene el niño es fundamental para una adaptación adecuada en cada caso, u optar tal vez por otros centros.

Los niños no siempre saben o quieren expresar lo que les pasa, y aunque a veces se dan cambios evidentes en su comportamiento o en su estado de ánimo, otras veces no son tan claros. A vuestro alcance tenéis una herramienta poderosa que os brindará información sobre cómo se encuentra vuestro hijo y cómo está viviendo la escolarización, y son susdibujos.

Si observáis cambios importantes en el uso de los colores, como que dejan de usarlos todos y se centran en un único color, los temas que dibuja transmiten crispación, si las figuras se empequeñecen o se quedan retraídas en una zona del papel, o si simplemente deja de querer dibujar sin motivo aparente, esto nos pondrá sobre aviso de que hay alguna cuestión que debe ser tenida en cuenta por nosotros, que el niño está reclamando nuestra atención sobre algo que le está sucediendo.

El dibujo se convierte aquí en una herramienta fundamental para acompañar a nuestros pequeños en esta etapa tan importante para ellos fuera del contexto familiar. No dejéis de observar sus dibujos y guardarlos como pequeños tesoros de información.

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