La cuestión de los límites es un tema recurrente en la educación de nuestros hijos y alumnos. Pero, aplicado al dibujo ¿debemos poner límites? Si es así, ¿cuáles deben ser? Tratemos a continuación este interesante tema.

Es un hecho que desde nuestra concepción, ya en el vientre materno, nos encontramos con unos límites naturales, acatados en espacio y tiempo en un entorno que nos procura todo aquello que necesitamos.

Partiendo de esta noción, los límites son un mecanismo para poner orden a las cosas, para procurar el desarrollo y la seguridad de un organismo y para regular la convivencia y relaciones con los demás. Por tanto, un límite no es una prohibición, sino el punto de conexión entre nuestras necesidades y las necesidades del otro. Poniendo límites, establecemos un orden y proporcionamos seguridad, respetando la actividad del individuo desde su libertad de acción.

Vamos a poner esto en el contexto del dibujo para comprender mejor el concepto.

Límites y dibujo infantil

Como ya hemos dicho, la realidad supone un límite en sí mismo porque las cosas son y están organizadas de una determinada manera para que todo cumpla el objetivo con el que se hicieron, y el niño cuenta en cada etapa con unas limitaciones y potencialidades que le son propias debido a su maduración, temperamento, etc.

Si con unas tijeras pretendemos hacer un dibujo, nos va a resultar muy díficil porque su estructura está pensada para cortar y no para extender pintura. Por más que un niño se empeñe, no conseguirá un buen trazado si no utiliza los instrumentos diseñados para tal fin.

Por tanto, podemos ver que ya existen límites “naturales” a la actividad de dibujo. Pero también existen límites que no provienen de la realidad física de los objetos, sino que son “creados” por el medio en el que nos encontramos (en casa, en la escuela, etc.).

Si un niño se encuentra dibujando en un taller con otros niños, existe un orden distinto que el que se pueda encontrar en casa. Un orden que asegure la correcta realización de la actividad por todos los participantes. Así, puede que el niño deba compartir el material que hay en la clase o bien utilizará una parte del material que se le asigne, y lo hará en un espacio concreto, teniendo en cuenta al resto de niños.

Es en este punto donde los límites pueden variar de una família a otra, de una escuela a otra, de un niño a otro… Una familia puede marcar límites en cuanto al uso de materiales (por ejemplo, usar uno cada vez), otra puede que permita el dibujo en las paredes porque ha habilitado los espacios a tal fin…

Sea como fuere, todo límite debe quedar claro y debemos ser congruentes y consistentes al marcarlo. No por una cuestión de dominación ni de control sobre el niño, sino como una parte más del aprendizaje, donde todo tiene un lugar y un momento, el niño tiene un punto de referencia, un orden al que atenerse. Se generan situaciones de tensión, a veces de enfado, a veces de frustración, porque ya sabemos que los niños sienten que lo pueden todo, en cualquier lugar y circunstancia. Pero todas ellas forman parte de la vida y del aprendizaje.

Nuestro papel es abrirles al mundo, al orden social que se encuentra más allá de sí mismos. Como seres sociales que somos, sin duda necesitamos de esos límites para interiorizar el lugar que ocupamos en cada uno de los sistemas en los que formamos parte.

Nuestra propuesta

Para concretar estas cuestiones en un plano más práctico, os proponemos pocos límites pero bien definidos, siempre bajo la premisa de la libertad creativa y expresiva al dibujar:

– El cuidado del material y el espacio de trabajo

La libre experimentación es necesaria, pero si un niño rompe el material o deteriora el espacio de trabajo, la próxima vez que quiera hacer uso de ello no estará en perfectas condiciones. Con ello no nos referimos al desgaste propio del uso o a que suceda algo accidentalmente, sino que se aprecia la intencionalidad de dañar.

– El respeto a los otros

Es común que los niños compartan una misma actividad en un mismo momento. El respeto hacia el trabajo que el otro realiza, hacia el espacio que ocupa, es necesario para que todos tengan la misma oportunidad de expresión.

– El respeto al espacio asignado

Ya sea en casa o en la escuela, todos tenemos diferentes espacios para diferentes actividades. Pintar fuera de ellos supone una barrera para la tarea propia de ese lugar. Es decir, si estamos sirviendo la mesa y nuestro pequeño se pone a pintar en el suelo junto a ella, dificulta tanto su tarea como la nuestra, o si se ponen a pintar en el espacio de construcciones no sólo dificultan la actividad de los otros niños sino que se pueden manchar las piezas de construcción.

Es por eso importante asignar y habilitar lugares para el dibujo, que dispongan de todo lo necesario y permitan el trabajo del niño, teniendo en cuenta si es un uso individual o compartido. Cada uno en su hogar o en su aula sabrá donde debe poner los límites para mantener la armonía y el equilibrio de todos sus miembros.

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