Para cualquier padre, el primer garabato de su hijo es inolvidable, un hito en su desarrollo como persona. Al niño le causa una enorme emoción comprobar cómo puede crear cosas con sus manitas y desea practicar una y otra vez. Nos deleita con formas que no comprendemos y deseamos que llegue el momento en el que diga “este es papá” o “mamá”.

Emocionados, nos ponemos a su lado y les preguntamos “¿Qué es esto que has dibujado?”. Queremos compartir tan fantástico momento y pintamos con él. “Mira, esto es un sol”, les decimos “y esto una casa”. A veces, en nuestro afán porque dominen la técnica les proporcionamos cuadernos con formas para colorear. Cuando nos enseñan sus dibujos les decimos cosas como “Qué bonito”, o “esto te ha quedado un poco mal”.

También nos preocupa mucho el orden y la limpieza. Olvidamos que para dominar una técnica es necesario probarla, experimentar y ver las posibilidades que las herramientas y los materiales de dibujo nos proporcionan. Queremos que dibujen como lo haría un pintor experto, utilizando el mínimo material posible y sin salirse del papel, por aquello de no ensuciar demasiado…

Aunque con la mejor de las intenciones, los padres no nos damos cuenta que con nuestra conducta adulta estamos limitando su creatividad y condicionamos su manera de dibujar y de vivir el dibujo.

Por eso yo te propongo estas 6 PASOS en vuestra sesión:

1. Acomoda el espacio al niño, que sea amplio. Si necesita una mesa y silla, procura que sean adecuados a su altura

2. Proporciónale el material necesario y adecuado a su edad. Hojas o cartones grandes, témperas, rotuladores, ceras, purpurina,… todo lo que se os ocurra puede ser material de dibujo. Si es muy pequeño puedes usar alimentos.

Recuerda que a los niños les encanta experimentar y probar los materiales. Deja que utilice mucho las manos. Quizá quiera pintarse el cuerpo o la cara, por lo que si el clima acompaña, puede realizar la actividad sin ropa.

3. Sitúate a su lado, ligeramente atrasado para que puedas observar y dejarle espacio.

4. Deja que fluya el dibujo libremente, sin pautas ni preguntas. Las interrupciones interfieren en la atención y la concentración con la que realiza la tarea. Respeta su momento de inspiración.

5. Cuando haya acabado y te muestre el dibujo, procura valorar todo el proceso, no tanto el resultado. La estética no es importante, sino la expresión en sí misma. Puedes decir cosas como “Me ha gustado compartir este momento contigo”, “Me lo paso muy bien viéndote dibujar”.

6. Es el momento de recoger el material y ordenarlo. Compartid también este momento, como un ritual de finalización. Así sabrá donde ha dejado todo el material de dibujo para cogerlo en otro momento que surja la inspiración o el deseo de crear.

Y si a tu hijo le apetece, podéis exponer la obra en algún lugar de la casa, como un tablón, una puerta o la nevera. Seguro que le gustará contemplar algo que ha hecho él mismo. Los dibujos anteriores pueden guardarse en una carpeta. ¡No olvidéis poner el nombre y la fecha!

Como ves, estamos liberando el acto de dibujar de valoraciones externas y condicionantes adultos. Lo importante es la actividad y que el niño disfrute, no tanto el resultado ni el reconocimiento al producto final.

De esta manera te aseguras que la actividad está respetando su ritmo y su manera de ser. Esta libertad actuará como motivación y diversión, y le animará a seguir experimentado con el arte.

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