dibujos niño zurdo

A diferencia de la escritura, el dibujo permite una manifestación gráfica más libre y espontánea, en la que cada niño puede actuar según su propia organización interna y sus tendencias naturales. Partiendo de esta idea, es posible pensar que habrá más probabilidad de encontrar diferencias en los dibujos de los niños, según sean diestros o zurdos. Entonces, ¿cuáles pueden ser estas diferencias? ¿cómo se reflejan en sus dibujos? Vamos a descubrirlo en las siguientes líneas.

Diestros y zurdos, iguales y diferentes

Como apuntábamos cuando os hablamos sobre la lateralidad cruzada, nuestro cerebro está formado por dos hemisferios interconectados entre sí, cada uno de ellos especializado en determinadas funciones. Desde nuestro nacimiento, estas funciones se van distribuyendo de una forma determinada y se va consolidando nuestra preferencia de un lado del cuerpo sobre el otro, de modo que el resultado es una organización cerebral asimétrica que establecerá nuestra dominancia lateral. Mientras que en los diestros la especialización de las funciones en cada hemisferio es más marcada, en los zurdos hay una distribución más repartida de las mismas.

Teniendo en cuenta todo esto, es lógico pensar que la localización de funciones en uno u otro lado del cerebro influirá en la forma de percibir las cosas y en nuestros patrones de respuesta, y por tanto, en la expresión gráfica final sobre el papel.

No obstante, diestros y zurdos compartimos la misma evolución del grafismo, transitando por las mismas etapas (del garabateo, preesquemática, etc.), aunque nuestros ritmos puedan ser algo distintos (pero como pasa con los diestros o los zurdos entre sí). Tampoco se aprecian diferencias en cuanto a los temas a representar (la figura humana, la casa, el árbol,…), mostrándose una frecuencia de aparición similar en ambos grupos.

Las diferencias en el dibujo

Mientras que en la escritura las propias normas que la rigen dan un resultado más homogéneo en cuanto a la orientación y dirección de las letras, la libertad expresiva que proporciona el dibujo permite mostrar diferencias significativas según el predominio lateral de su autor, según sea éste diestro o zurdo.

Referente a esta cuestión quiero destacar el trabajo realizado a lo largo de los años por la catedrática Carmen Pellicer España, quién en su tesis doctoral abrió las puertas al conocimiento de esta cuestión y a nuevas vías de investigación respecto a las características especiales en la percepción y motricidad de los zurdos.

Después de analizar un importante número de dibujos realizados por más de 450 niños de edades comprendidas entre 4 y 16 años, la autora encontró diferencias significativas en cuanto a:

  • El punto de inicio de los dibujos: mientras que los diestros lo sitúan preferentemente en la zona izquierda, los zurdos lo hacen en la derecha.
  • La dirección en la trayectoria de los trazos: como ésta se orienta hacia el centro de la hoja respecto del punto de inicio, en los diestros se produce hacia la derecha y en los zurdos hacia la izquierda.
  • La ubicación de la representación gráfica en la hoja: en los diestros se suele ubicar preferentemente hacia el espacio izquierdo y en los zurdos hacia el derecho. De la misma forma, el peso y el equilibrio del resto de elementos de la composición del dibujo siguen esta misma pauta.

Por su parte, la presión del trazo no apareció como una característica diferencial entre diestros y zurdos. Se podría pensar que los zurdos, ante el hecho de conducir los trazos de una forma contraria a su tendencia natural, se verían llevados a presionar más las líneas por las dificultades del movimiento que ello comporta.Sin embargo, la autora comprobó en su estudio que esto depende de la habilidad motriz del niño y de una lateralidad correctamente establecida (es decir, sin ser contrariada).

Esto plantea nuevas cuestiones, como puede ser el grado en el que el aprendizaje de la escritura o las pautas escolares interfiere y condiciona la manera de expresarse a través del dibujo, sobre todo en los zurdos, cuya tendencia natural es la contraria, o si existen otras variables de tipo psicológico o afectivo que puedan influir en estas diferencias. Sin duda es un interesante tema en el que vale la pena seguir investigando.

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