De vez en cuando recibo mensajes con esta interesante cuestión, y me ha parecido que era el momento de resolver la duda en el blog, aunque ya introdujimos algunas nociones cuando hablé del primer garabato de un niño.

Cuando nuestros pequeños empiezan a garabatear hacia los 15 o 18 meses, los adultos vemos un montón de rayas aquí y allá repartidas por la hoja, y no podemos distinguir gran cosa, no hay formas o elementos que se correspondan con ningún objeto de la realidad.

Pero para los niños cada trazo posee un sentido particular y concreto, y nos explica una historia. Es la historia de su día a día, de lo que vive y de cómo lo vive, de sus deseos y emociones, de su energía y su ritmo vital.

Es por tanto un medio de expresión de los niños, una forma de comunicación más. Cuando un niño te muestra una hoja llena de garabatos lo que te está mostrando es su mundo interior y su forma de ser.

Incluso antes de nacer, el niño ya nos va mandando mensajes sobre su temperamento: hay niños que lloran más intensamente que otros, niños que duermen mucho y otros que están más despiertos, y cada uno explora el mundo a un ritmo particular. Pues de la misma forma, cada niño expresa su temperamento y carácter en sus garabatos: algunos niños llenarán toda la hoja mientras que otros harán unos pocos trazos y lo dejaran, en algunos veremos más formas curvas y ligeras, mientras que otros descargarán fuertemente unas líneas sobre el papel.

Y aunque en la etapa del garabateo los niños comparten entre sí muchas características, nunca serán exactamente igual, porque cada uno se expresa de un modo distinto.

Por eso, aunque los adultos “no veamos nada” en estos garabatos, desde el inicio ya nos aportan información sobre nuestros pequeños y su forma de entender el mundo. Y esto es fundamental en los primeros años de vida del pequeño, ya que el lenguaje aún no está suficientemente desarrollado.

¿Y cómo se interpretan?

Como todo gesto gráfico, hay una serie de aspectos que debemos tomar en cuenta para poder captar la esencia de lo que el niño nos está mostrando en sus garabatos. Y son los siguientes:

El MODO en cómo se coge el instrumento, si es relajado o forzado

El ESPACIO de papel que se ocupa, si tiende a expandirse o a retraerse

El PUNTO DE INICIO del garabato, en el centro o en la periferia

La REGULARIDAD en el trazo, si es continuo o bien irregular

La PRESIÓN del trazo, si es fuerte o ligera

La FORMA que predomina, siendo más bien movimientos curvos o angulosos

Así por ejemplo, un niño extrovertido y lleno de energía realizará movimientos expansivos y trazos bien definidos, mientras que un niño selectivo con las personas, dibujará líneas suaves y más bien concentradas en el espacio.

Gracias a todas estas variables de análisis podremos conocer mucho mejor al niño y así comprenderle y orientar mejor nuestras acciones a su forma de ser.

Así pues, podemos decir que ya desde sus primeros garabatos los niños nos brindan la oportunidad de conocerles y comprenderles mejor.

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