La impulsividad es una característica inherente a los niños. Son impulsivos porque aún no tienen control de su mente ni su cuerpo y actúan por impulsos.

Sin embargo, a través del dibujo podemos guiarles para que aprendan a manejar esa impulsividad de una manera lúdica.

Mi hija tiene un trastorno motor y eso la hace ser aún más impulsiva en sus movimientos, ya que muchos de ellos no son controlados a nivel del sistema nervioso central sino que ocurren “porque si” lo que conlleva que actos cotidianos como puedan ser llevarse una cuchara a la boca o dar un paso, para ella son actos que ha de aprender a realizar de manera consciente ya que sus músculos no siempre responden como se esperaría.

Uno de los ejercicios que realiza con su terapeuta ocupacional es el dibujo dirigido y, aunque como ya comenté en el post anterior sobre la realidad en el dibujo infantil dirigir el dibujo tiene consecuencias podríamos decir negativas, en algunos casos, dirigir el patrón puede resultar beneficioso.

Además de en casos como el de mi hija, de niños que tengan algún tipo de trastorno motor o neurológico,  en niños que necesiten un trabajo adicional sobre el control de su impulsividad, el dibujo puede ser un aliado fantástico. Hacer con un niño un dibujo de olas ondulantes, en colores azulados y formas suaves por ejemplo, ayudará a que entre en calma. Si además ha de colorear solo ciertas zonas que ya hayamos decidido previamente, le ayudará a tomar control de qué hace y de cómo lo hace lo que lo hará ganar en control de sí mismo. Una buena forma de hacerlo son los mandalas, que suelen ser redondos y tener formas sinuosas.

Aprender control implica ser minucioso, ganar en precisión y autocontrol además de cultivar la paciencia, cualidades que en un niño impulsivo son a veces difíciles de ver y trabajar.

Sin embargo, debemos dejar que el niño tenga momentos de expansión, de descontrol, donde dibuje cómo y lo que quiera, donde le permitamos hacer formas angulosas o apretadas, de colores chillones… para que, como contrapunto a ese control que está aprendiendo, tenga un espacio en el que descontrolar y dejar actuar a su impulsividad.

Trabajando de manera combinada, conseguiremos que poco a poco el niño vaya identificando una manera de “controlarse”, una forma incluso de relajarse cuando se sienta muy alterado y al mismo tiempo sepa que tiene opción al descontrol cuando lo necesite.

No se trata de dirigir, sino de ofrecer diferentes maneras de ver y experimentar una emoción, para que el solo pueda identificar qué le producen interiormente.

En mi caso personal mi hija trabaja fichas dirigidas en las que ha de seguir un camino de puntos o colorear dentro de una figura pero por otro lado pintamos “a nuestra manera” y ha aprendido a comunicarme cuando quiere parar y “solo pintar” como ella lo llama.

Le gusta hacer fichas porque le requiere concentración y le resulta divertido poner los puntos “en perfecto orden” pero cuando está cansada es capaz de decirme “mamá, solo pintar” y entonces ya sé que ha llegado a su límite de concentración.

De esa forma, trabajamos ambos caminos y exploramos juntas nuevas opciones. La dejo elegir qué quiere pintar en las fichas, a veces son caminos, a veces gusanos, a veces hormigas… la dejo decidir si quiere pintar o pegar pegatinas, el color con el que lo hará…simplemente le doy la pauta “vamos a dibujar….” Y cuando el dibujo es libre tan solo saco las pinturas y le digo “¿pintamos?” y ella hace el resto.

La mente es mitad creatividad mitad control y como decía el famoso anuncio de neumáticos “la potencia sin control no sirve de nada”, enseñar a los pequeños a controlar sus impulsos los hará dueños de sí mismos, aunque para ello tengan que descontrolar para poder ver y establecer las diferencias.

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