A lo largo de su vida, los niños pasan en multitud de ocasiones por un montón de situaciones donde se les evalúa, a veces para saber cuánto saben de algo, otras para saber cómo son, y otras tantas para saber cómo se encuentran.

Es cierto que si un niño se encuentra mal de salud es necesario que el médico realice su diagnóstico preguntando y observando al pequeño. Si ha tenido un conflicto es recomendable que lo exprese para poderlo integrar. Pero el caso es que el niño se pasa bastante tiempo contestando a las preguntas de un mundo adulto que no acaba de empatizar con ellos.

Incluso en el entorno familiar es muy común que andemos preguntando al niño por lo que hace o le gusta, casi en modo de interrogatorio (eso pasa sobre todo con los familiares que no les ven con frecuencia…)

Claro está que nos interesa saber de ellos, pero acabamos asediando a los pequeños con mil preguntas. La verdad es que yo en el lugar de muchos estaría un poco agobiada…

Observar es el primer paso

Como sucede con muchas otras cosas, una de las principales fuentes de conocimiento es la observación. Un investigador observa su microscopio y conoce el comportamiento de una bacteria, un fotógrafo observa el paisaje y capta un momento único con su cámara.

Quizá si estuviéramos más entrenados en observar podríamos llegar a un conocimiento del niño de una forma menos “intrusiva”. Pero la vida que llevamos es de todo menos contemplativa (al menos para la mayoría).

Los padres somos los que acumulamos más horas de observación y conocemos mejor que nadie a nuestros hijos. Pero ¿no tenéis a veces la sensación de que nos falta algo, que hay cosas que no nos saben decir aunque intuimos que algo pasa? ¿Cómo saber si las cosas van bien, si hacemos lo correcto? ¿Lo que vemos por fuera refleja lo que pasa por dentro?

La conducta es solo la punta del iceberg, es el producto de un complejo sistema psico-bio-neurológico mucho más profundo que los ojos no alcanzan a ver, al menos sin las herramientas adecuadas.

El dibujo como herramienta clave en el conocimiento del niño

Son muchos los profesionales que utilizan los dibujos de los niños como herramienta de diagnóstico, y también terapéutica. Ya sea a través del dibujo libre o con test específicos, los dibujos nos brindan importante información sobre los pequeños.

Aun así, parece que sea un conocimiento solo para el ámbito profesional. Yo creo que si los padres tuvieran unas nociones básicas sobre análisis e interpretación del dibujo comprenderían mucho mejor a sus hijos y esto les ayudaría a enfocar mejor su crianza y su educación. Incluso les pondría sobre aviso si algún problema le estuviera afectando, y así recurrir a tiempo al profesional adecuado.

A través del dibujo podemos obtener información sobre:

  • Temperamento y carácter
  • Estado de ánimo
  • Nivel de desarrollo psicológico y motriz
  • Inteligencia
  • Modo de relacionarse
  • Capacidad de adaptarse a los cambios y situaciones desconocidas
  • Cómo afronta las dificultades
  • Nivel de energía y actividad
  • Conflictos, miedos, traumas…

Y aun podría continuar.

En definitiva, el dibujo nos permite alcanzar un conocimiento más profundo y global de la psicología del niño, de una forma natural y divertida, desde casa o en el aula.

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