Hace unos días presenciaba con preocupación como un niño de unos cinco años estaba siendo corregido por su abuelo mientras pintaba en un cuaderno de colorear: “no te salgas de la raya”… “ese color no es el del dibujo, es marrón y amarillo”… A parte de lo inapropiado de las correcciones, me preocupaba aún más que a tan temprana edad se le proporcionara este tipo de cuadernos. ¿Y por qué digo esto? Te lo explico a continuación.

¿Beneficiosos o perjudiciales?

Aunque los cuadernos de colorear son muy populares y utilizados tanto dentro como fuera de casa, suponen una desventaja real para los niños que los utilizan con frecuencia. Su uso suele estar justificado por tratarse de un buen ejercicio del control del movimiento de la mano, por ser un trabajo de atención y concentración potente, así como el hecho de que proporciona al niño un marco o referente sobre el papel.

En absoluto niego estas propiedades, pero existen infinidad de actividades que proporcionan las mismas condiciones sin tener que perjudicar la libertad de expresión y movimientos del niño sobre la hoja: realizar puzzles, hacer construcciones, ensartar cuentas, etc. El propio acto de dibujar sobre un papel en blanco ya permite esto mismo, puesto que el niño colorea su dibujo utilizando los mismos instrumentos que podría utilizar para los cuadernos de colorear, y permanece atento y concentrado de igual manera.

Con respecto al marco de referencia y la limitación de movimientos, el mismo papel ya ejerce de límite donde actuar: a medida que el niño avanza cognitiva y motrizmente es capaz de ir acotando sus movimientos en la hoja, y logra distribuir los elementos y delimitarlos perfectamente por sí solo, sin marcas que lo dirijan hacia uno u otro lugar.

Pensemos que hasta los 5 años aproximadamente los niños no han desarrollado su capacidad para discriminar figura y fondo, y no es hasta los 7 años aproximadamente que pueden alternar la percepción de ambos. Este aspecto junto con el hecho que la motricidad fina de los niños más pequeños (hasta los 6 años) se encuentra en pleno desarrollo, es un argumento muy importante a tener en cuenta. Por eso nos encontramos que los niños pequeños colorean zonas que un adulto no colorearía o por el contrario dejan zonas que aunque a nuestros ojos no, a los suyos quedan ocultas.

Pero más allá de este aspecto madurativo, hay otras cuestiones en las que los cuadernos de colorear interfieren en el correcto desarrollo infantil, y son:

  • Despersonaliza el acto de dibujar y lo vuelve pasivo, ya que el niño no crea desde un inicio y según su necesidad de expresarse, sino que se limita a colorear algo ya dado y ajeno a él.
  • Inhibe la creatividad, dado que, como decimos, el niño no crea desde su interior sino que se limita a hacer el acabado de algo que le proporcionan ya hecho.
  • Bloquea la expresión, puesto que se inhibe la posibilidad de que el pequeño plasme lo que quiere, lo que siente y lo que necesita en ese momento determinado
  • Enmascara las emociones, y esto es así porque en muchos de estos cuadernos se presentan modelos con los colores que se deben reproducir o se insinúa al pequeño el tipo de colores a utilizar, de modo que no podemos saber qué colores emplearía en realidad para expresarse, y con ello, perdemos información respecto al ámbito emocional de ese niño.

¿Debemos eliminar entonces su uso de la vida de los niños? Como dice Christine McLean en su artículo “What’s Wrong With Colouring Books?”, no es que sea algo a eliminar de la vida de los pequeños, pero debemos ser conscientes de sus efectos y limitar su uso a situaciones concretas y momentos determinados para no interferir en el proceso creativo y evolutivo de nuestros niños, evitando todo lo posible ofrecerlo a los más pequeños.

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