Escribir un artículo sobre el TDAH es, como poco, un tema delicado y difícil de abordar. Pero sin duda es una cuestión candente que cada vez interesa y preocupa más a padres, profesionales y la sociedad en general. ¿Qué está pasando? ¿Por qué cada vez hay más casos?

Hay un fuego encontrado respecto a la consideración de este trastorno. Por un lado, parece haber evidencia clara y sólida de su existencia. Por otro, muchas voces claman a la reflexión sobre su diagnóstico extendido en la población infantil y el abuso de medicalización de los niños, llegando a afirmar que es algo “inventado”.

Yo me encuentro en una posición intermedia. Entiendo que hay una serie de signos que se dan con mayor frecuencia en niños con este trastorno que en niños que no lo presentan, pero que la definición que se hace de los síntomas lleva en muchos casos a diagnósticos equivocados, y por tanto a tratamientos mal diseñados.

También pienso que es muy probable que esta sociedad industrializada y moderna tenga mucho que ver en la aparición de este trastorno, en la que no hay tiempo para nada, casi ni para uno mismo. Llenamos nuestro día y el de nuestros hijos con mil cosas, sin tiempo para el aquí y ahora, para hablar, para no hacer nada. Los niños están expuestos a miles de estímulos bajo la filosofía del “cuanto antes mejor”, interfiriendo seguro en mayor o menor medida en su proceso natural de desarrollo.

El dibujo infantil como instrumento para el diagnóstico del TDAH

Siendo conscientes de las dificultades para el diagnóstico de este trastorno, es importante contar con una buena batería de pruebas diagnósticas que permitan llegar a conclusiones veraces.

Como hemos ido viendo en otros artículos de nuestro blog, el dibujo infantil permite el análisis del desarrollo madurativo del niño, así como aspectos profundos de su personalidad y de su mundo afectivo. Es por ello que se debe considerar un instrumento muy útil para complementar las pruebas diagnósticas, ya que la evolución y características de los dibujos están en concordancia con el desarrollo del niño.

En el diagnóstico del TDAH es importante analizar la madurez grafomotora y las habilidades visuoperceptivas del pequeño para poder definir correctamente la psicopatología existente. Contamos con varias escalas basadas en el dibujo y muy conocidas, como el test de Bender, el test de desarrollo de la percepción visual de Frostig, el test grafomotor de Pascual o el de la figura compleja de Rey, aunque en todas ellas se trata de un dibujo centrado en la copia o en la reproducción de algún modelo ya dado.

En cuanto a tests cuya tarea es de dibujo libre (no espontáneo), el más conocido y utilizado es el test de la figura humana de Goodenough, que mide la madurez intelectual a partir de la obtención del cociente intelectual. Algunas investigaciones también apuntan a la utilidad del dibujo de la familia como prueba en el TDAH, para analizar no solo lagrafomotricidad y la capacidad visuoespacial, sino también la atención, el autocontrol y la autodisciplina en el niño evaluado.

En este estudio en concreto, realizado sobre una muestra de 562 alumnos, encontraron diferencias significativas en cuanto la figura valorizada, el uso del color y la inclusión de elementos adicionales, siendo las siguientes:

  • La figura más valorada parece ser la madre
  • Se utilizan menos colores y por tanto disminuye la calidad cromática del dibujo
  • Se aprecia pobreza en los detalles que adornan a las figuras
  • Los dibujos son desestructurados en su forma (desorganización y asimetría)
  • Hay una clara presencia de borrones y rectificaciones

Aún queda mucho camino por recorrer en la investigación y tratamiento del TDAH, pero sin duda cada vez hay más interés por profundizar en su conocimiento.

En cuanto al dibujo infantil, podemos ver que es más que un simple medio de expresión y comunicación para los niños, es un reflejo del nivel de desarrollo madurativo y de su propia personalidad, y nos aporta abundante información sobre su estado de ánimo y sus capacidades cognitivas y perceptivas.

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