Es curioso que desde que el niño empieza a garabatear existe una tendencia tanto en la familia como en el colegio por dirigir esas líneas hacia un sitio y una realidad concretas. Desde el mundo adulto pretendemos que los niños “aprendan” como es la realidad y les insistimos en que no deben salirse de la línea o pintar el mar de color amarillo porque eso no es real pero, ¿qué es la realidad?

En el mundo del coaching y en concreto en Pnl (Programación NeuroLingüística) hay una frase que la define bastante bien “el mapa no es el territorio”. Esto viene a decir que mi “mapa” de la realidad no es el territorio entero, es decir, mi realidad es una y está sesgada y definida por mis creencias, vivencias y experiencias pasadas, valores, etc. Así, tenemos tantas realidades como personas, es decir, tantos “mapas” como visiones de cada uno. El territorio, la realidad “real y verdadera” no existe porque no somos capaces de verlo de manera objetiva ya que somos sujetos y eso nos condiciona.

De esta forma, y volviendo al dibujo infantil, su realidad no coincide con la nuestra porque no está contaminada por tantas experiencias y además están aprendiendo cómo es el mundo. Todo esto hace que al dibujar, si los dejamos que se expresen, nos muestren cómo es su mundo, qué ven ellos y cómo lo ven, sólo es cuestión de observar.

¿QUÉ IMPLICACIONES TIENE DIRIGIR EL DIBUJO A NIVEL EMOCIONAL?

Un ejemplo claro es el de salirse de la línea. Fomentarles que no se salgan de la línea (incluso aunque por edad ya puedan no hacerlo) les está diciendo que está mal “salirse de la norma” que no está bien “salirse del cuadrado” lo que los llevará a pensar que hay unas pautas que seguir siempre y las buscarán. No es raro encontrarse en talleres de Inteligencia Emocional o Crecimiento Personal juegos que nos invitan a lo contrario y la mayoría de ellos los adultos nos bloqueamos, mientras que un niño los resolvería sin problema casi con toda seguridad, ¿por qué? Los adultos buscamos esa línea que nos marca, esa pauta que nos dice que es lo “correcto”, los niños no. Los niños simplemente juegan y descubren qué pasa si hacen una cosa u otra sin preocuparse de si es lo correcto o no. La imaginación, la creatividad a la hora de la resolución de problemas pasa por no tener esa línea que nos marque.

Otro ejemplo es el de dibujar de manera adecuada ya sea edificios, colores o formas… Para este ejemplo me valdré de una cita de “El Principito”:

“Reflexioné mucho sobre las aventuras de la jungla y, por mi parte, logré trazar con un lápiz de color mi primer dibujo. Mostré mi obra maestra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo. Me contestaron: “¿Por qué un sombrero podría dar miedo?” Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa, para que las personas mayores pudieran comprender. Siempre necesitan explicaciones.”

Creo que las explicaciones sobran. En muchas ocasiones los niños, en su imaginación y su mundo construyen según ellos perciben (con todos sus sentidos, no solo la vista) y si los dejamos que nos cuenten lo que han dibujado y la historia que hay detrás, podemos sorprendernos.

¿CÓMO DEJAR QUE NOS CUENTEN?

Es sencillo, no elogies el dibujo. El elogio en si mismo indica aprobación, indica que lo ha hecho bien y como ya sabemos todos queremos hacerlo bien así es que el niño acabará dibujando para complacernos y trasladará ese comportamiento a otros ámbitos de su vida y es muy probable que los mantenga en el tiempo de manera que nos encontremos con un adulto que necesita del elogio o la aprobación de otros.

Cuando un niño que empieza a dibujar te muestra su obra no suele preguntar si nos gusta sino que más bien nos dice “mira, he pintado…” (hablo de niños que comienzan, en torno a los 2 o 3 años). Dejémosle que nos cuente qué ha pintado, qué ve, qué siente cuando lo hace y simplemente digamos un “¿estás contenta/o con tu dibujo?” o “¿lo colgamos en el cuarto?” evitando así calificar de bonito, maravilloso, genial… En todo caso podemos hablar de los colores por ejemplo “¿qué colores has usado?” e invitarlo así a que nos cuente más historia de su dibujo.

Se trata de que el niño esté contento y conforme con su obra nos guste o no, sepamos o no lo que es, simplemente porque la hizo nada más.

¿Y SI QUIERE QUE LE DIBUJEMOS NOSOTROS?

Habitualmente cuando un niño nos pide algo así busca imitar el modelo “correcto”, el que se ajusta a la realidad que nosotros le hemos mostrado antes y por eso, ante la imposibilidad de saber hacerlo bien, nos pide que se lo hagamos nosotros. En esos casos me gusta invitar a la reflexión, a la propia concepción de las cosas con preguntas del tipo “y tú, ¿cómo lo harías?” o “¿cómo te parece a ti que es una flor (o el objeto que nos pida)?”

Si insiste podemos preguntarle por qué quiere que se lo dibujemos nosotros y seguramente saldrá el “tú lo haces mejor” o alguna frase similar. En ese momento sería bueno hacerle entender que no hay “mejor” ni “peor”, que una flor roja, un mar verde o una montaña al revés son iguales de válidos porque son “su” manera de hacerlo y está bien. Nosotros tenemos otra y también está bien, simplemente son diferentes y ya está. De esa manera le quitamos la idea de que algo creativo que ha salido de su interior está bien o mal solo por el hecho de que se ajuste o no a la realidad y le damos la libertad de pensar que el mundo es mucho más amplio que la visión que tienen papá y mamá. Para el futuro estaremos abriendo su mente y haciéndolo más permeable a ideas nuevas, a nuevos modelos de pensamiento que no sean solo el suyo y eso lo hará ser menos rígido en su vida.

Puedes profundizar en este tema consultando esta otra entrada de nuestro blog. ¡Gracias!

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