En el anterior artículo os hablaba de cómo mi hijo dejó de un día para otro de disfrutar dibujando y lo incapacitante que ha sido para él. Pero en casa tenemos la otra cara de la moneda, otro pequeño y curioso ser que ha iniciado sus primeros pasos en el dibujo, mi hija de 15 meses.

Un momento mágico en el desarrollo del niño

Como todo niño, mi pequeña observa todo lo que ve, lo coge, lo manipula y lo prueba a ver qué pasa: ¿suena? ¿se rompe? ¿está bueno?

Un día me vio escribiendo en una nota en un papel. ¡Debió ser todo un descubrimiento! “Mi mamá, con un objeto en la mano que apreta sobre algo hace que aparezcan cosas que no habían”, pudo pensar…

Así que reclamó el bolígrafo y empezó a apretarlo contra el papel de forma incontrolada, como es natural. Con poco más de 12 meses mi niña trazó su primer garabato, y os tengo que decir que fue tan emocionante como la primera vez que lo viví con mi hijo mayor.

El nacimiento de un garabato nos da cuenta de un hito en el desarrollo neurológico y motor del niño, de la misma forma que lo hace el poderse sentar, caminar o hablar. A medida que el niño se desarrolla, el control sobre sus movimientos irá aumentando y ya no será la mano la que guíe al ojo, sino que será la visión la que dictará el camino que recorrerá el instrumento.

¿Cómo evolucionan los garabatos?

Ya desde el siglo XIX, diferentes autores se han dedicado a estudiar los dibujos de los niños (Lowenfeld, Jung, Machón, etc.) y han podido observar que existe una evolución común en todos ellos, de forma que se han definido ciertas características para cada etapa del dibujo en función de la edad del niño.

Veréis que primero aparecerán líneas y punteado, y después vendrás los gestos curvos y la combinación de movimientos. Cada etapa es fruto del proceso natural de maduración del niño, y la práctica ayuda a adquirir mayor destreza en los movimientos, por lo que la evolución será distinta en cada uno de ellos. En cualquier caso, cada niño, sea del continente que sea, pasa por ellas como si de alguna forma todos los seres humanos compartiéramos una especie de programa interno que nos permite expresarnos y comunicarnos de forma universal.

Entre los 15 y los 20 meses aproximadamente, veremos que cada mano dibuja en su zona de campo visual, trazando líneas de forma incontrolada y discontinua, con movimientos amplios e imprecisos. Aparecen gestos en zig-zag, los primeros círculos y ondulaciones.

De los 21 a los 30 meses, aumenta la continuidad, la fluidez y el ritmo en los movimientos, y empieza a verse cierto orden en los elementos. Ahora se combinan movimientos circulares con los de vaivén, y como se da una mejor rotación de la mano, aparece la cicloide (movimientos circulares superpuestos y continuos). Es en esta etapa donde se empieza a reflejar la personalidad del pequeño.

De los 31 meses a los 39 meses, la visión va tomando el control sobre el movimiento, de forma que el niño presta más atención a las formas que hace y no tanto al desplazamiento sobre el espacio del papel. Se combinan todas las formas que el niño conoce, e incluso se pueden agrupar y ordenar: círculos, bucles, rectas, gestos para adelante y para atrás,…

¿Qué expresan?

Los garabatos, aunque nos parezcan líneas sin sentido, tienen en cambio un significado real para el niño que los está dibujando y nos informan ya de su temperamento y carácter. La manera en cómo sujeta el instrumento, presiona la hoja o traza las formas, tiene un significado concreto que nos ayuda a conocer más de nuestro pequeño y de su personalidad.

En la primera etapa (0-3 años) el niño no tiene una idea preconcebida del aspecto que tendrá el dibujo cuando esté terminado, va modificando sus dibujos según se van modificando sus pensamientos. Una línea que en un principio simbolizó un árbol, puede acabar siendo algo distinto antes que el dibujo se haya terminado. Por eso, la interpretación no se basa tanto en “lo que ha dibujado” sino en “cómo lo ha hecho”.

¿Porqué es importante que un niño pueda hacer garabatos libremente?

Además de permitir el ejercicio del movimiento y la coordinación del ojo y la mano, el garabato se convierte en un canal de comunicación que el lenguaje oral aún no ofrece. Por este motivo, es muy importante dejar que el niño o niña garabatee, que experimente sus posibilidades y se exprese a través de las formas y los colores.

Para el niño es una forma de conocerse a sí mismo y de probar sus capacidades, igual que lo es comer solo o aprender a caminar.

Podemos fomentar esta vía de expresión proporcionándole el espacio y material necesarios y dejándoles libertad para la práctica. Después cada niño, desarrollará su propio interés hacia el dibujo, según lo viva y lo sienta como algo placentero o no.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *