Aunque hablar de creatividad y dibujo se puede considerar una redundancia, cada vez me encuentro más casos de niños que dedican muy poco tiempo a dibujar o que incluso no lo quieren hacer. ¿Qué ha pasado con su creatividad frente al dibujo? Vamos a explorar un poco sobre posibles causas y a ofrecer ideas para incentivar esta actividad tan beneficiosa.

En estos tiempos que corren, donde parece que todo está inventado y que no existen salidas, la creatividad es una competencia clave para encontrar nuevas soluciones a los problemas y ampliar nuestra perspectiva a la hora de afrontar las cambiantes situaciones que nos encontramos a diario. El dibujo es, sin lugar a dudas, una de las actividades que mejor estimulan la creatividad, ya que, en principio, no existen normas predefinidas para su ejecución…. ¿O sí? Hoy me comentaba una amiga que su hijo no quería dibujar personas. Mi primera hipótesis fue acertada. En el colegio se había intervenido demasiado en la “corrección al dibujar”. Así que tratemos más a fondo esta cuestión.

¿Qué entendemos por creatividad en el dibujo?

Cuando hablamos de creatividad en el dibujo, nos referimos a la capacidad para innovar en el uso de materiales, soportes y técnicas para crear un dibujo único, no copiado ni preestablecido.

Nos referimos sin duda a la creación artística desde la espontaneidad y la libertad individuales, en la que las normas, pautas o modelos no existen, si no que son los que marque la imaginación de cada niño.

¿Cuáles pueden ser las causas para que un niño se aburra dibujando o no lo quiera hacer?

La primera vez que el niño experimenta lo que es dibujar supone no solo un hito en su desarrollo si no el inmenso placer de manipular y crear por uno mismo. Así que partimos de la base que su inicio debió ser un momento muy positivo.

El problema nace de la intervención externa. Los adultos miramos los dibujos de los niños buscando la representación de la realidad tal como la vemos y no tal como ellos la viven. Así que vamos interviniendo con preguntas y afirmaciones que no suelen aportarles mucho a su proceso creativo, cómo “¿Qué has dibujado?”, ” Una casa se hace así”, “No esto no lo has hecho bien”, “el color del perrito es marrón” o incluso “¡Qué bonito es esto!”, y otras cosas por el estilo.

Dibujar se convierte en un espacio para la limitación y la crítica constante. ¿Quién querría hacer algo sabiendo que a cada instante te van a interrumpir, y van a decirte lo bien o mal que lo haces, sin tener en cuenta lo que tú estás dibujando?

Así es como los niños van perdiendo el entusiasmo inicial, porque sus dibujos o bien son para recibir elogios o para recibir críticas, no son contemplados con los ojos de sus autores, no se capta la esencia de lo que implica dibujar más allá del resultado que se obtenga.

¿Y si lo que ocurre es que prefiere otro tipo de actividades?

En este caso lo sabremos porque lo que hace el niño es dedicarle poco tiempo al dibujo, pero si se le dejan materiales y soportes de su preferencia, acaba surgiendo uno por sencillo que éste sea. Por ejemplo, hay niños a los que no les gustan los folios de papel, pero ante un mural se deleitan. Quizá no muestren demasiado interés por los lápices de colores, pero se pirran por meter las manos en pintura y dibujar.

En definitiva, se deben respetar sus intereses y gustos, porque puede tratarse de niños que disfrutan mucho más con el movimiento físico o que se muestran creativos en otro tipo de áreas (en el juego, escribiendo, con la música, etc.). La observación del pequeño es lo que nos llevará a entender mejor sus gustos y preferencias en el juego en general, y en el dibujo en particular.

¿Qué actitud podemos adoptar los padres para fomentar un dibujo creativo?

Yo diría que nuestra actitud debe ser lo más neutra posible. Podemos mostrarnos entusiasmados por el hecho que disfrute dibujando, pero sin necesidad de alabar ese dibujo en particular. Debemos apoyarle y acompañarle si así lo requiere, pero sabiéndonos situar en segundo plano.

Una de las cuestiones que más perturban la actividad del dibujo son el orden y la limpieza. Los adultos debemos superar este “miedo”. El acto creador se genera necesariamente desde el caos, ya que cogemos cosas de aquí y de allá, se mezclan materiales y se prueban técnicas muy distintas.

Debemos tener en cuenta que cuando son muy pequeños no entienden el concepto de limpieza y de orden, así que será frustrante para ambos que insistamos en ello. Mejor habilitar un espacio “a prueba de bomba”, un entorno que, en definitiva,  facilite el acceso y el uso de los materiales. Cuando van siendo más mayores (entorno a los 4 o 5 años) podemos consensuar ciertas normas, como podría ser la de pintar sobre la superficie habilitada para el dibujo, y ahí pactamos lo que entendemos por “superficie habilitada”.

¿Poco creativo yo?

¿Qué implicación emocional puede tener no dibujar o no hacerlo de forma libre?

Cuando un niño no quiere dibujar, no quiere proyectarse en el papel, existe una negación de sí mismo o de su realidad, y nos está indicando algún bloqueo emocional. Es necesario observar su comportamiento, si ha habido en él o en su entorno algún acontecimiento que haya vivido con mucha intensidad, o si existe alguna intervención por parte de algún adulto que cohíba sus ganas de dibujar.

En el caso que el niño desarrolle su dibujo bajo pautas muy marcadas, las consecuencias emocionales son realmente negativas. Recibe un mensaje inconsciente de que lo que  imagina o desea plasmar no es válido, solo lo es lo que le marcan. Esto disminuye su autoestima y su capacidad de conectar con su interior, y por supuesto, su capacidad para imaginar y crear.

Actualmente existen muchas aplicaciones informáticas que están sustituyendo al dibujo “manual”. ¿Qué implicaciones puede tener a nivel creativo?

En general se trata de aplicaciones que ofrecen muchas posibilidades de dibujo, pero le restan sensorialidad, ya que no es lo mismo manipular con la mano que con el dedo.

La mayoría de aplicaciones combinan diferentes materiales y colores, e incluso acabados. Sin embargo, el soporte de dibujo (en este caso una pantalla táctil) tiene una superficie muy limitada, y tampoco ofrece tantas posibilidades como si lo hiciésemos “por libre”. De alguna manera, podríamos decir que las aplicaciones ponen límites a esas creaciones.

¿Cómo podemos los padres influir positivamente en la creatividad de nuestros hijos?

Lo primero es que nosotros mismos debemos conseguir tener una actitud abierta ante nuestros pequeños y dejar de lado nuestros condicionamientos. Entender que la expresión artística les enriquece y que por encima de los resultados se encuentra el niño y su bienestar nos va a ahorra energías y va a evitar algunos conflictos.

En este post  os ofrezco diferentes propuestas para  que, variando los materiales, los soportes o las técnicas de dibujo, vuestro pequeño recupere el gusto por la experimentación y el dibujo libre. Cuanto más libre se sienta, más fluirá la creatividad en sus dibujos.

¿Tienes alguna consulta sobre este tema? Haznos llegar tu pregunta aquí.

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