De nuevo seguimos tratando el tema de los mandalas para niños. En el anterior artículo comentamos cuáles eran los más adecuados para presentar a los pequeños y destacamos por encima de todos los realizados de forma libre. Se les suele denominar como mandalas intuitivos.

En este artículo doy un paso más y os propongo ejercicios concretos que podemos realizar con los niños a través de los mandalas. El objetivo en todos ellos es crear un estado de concentración que permita conectar con las propias emociones para alcanzar o restablecer el equilibrio interior.

A continuación te explico los elementos que forman un mandala y cómo confeccionarlos o seleccionarlos en función del niño y el trabajo que se quiera realizar.

Elementos característicos de los mandalas

Un mandala está compuesto normalmente por:

  • Un círculo: como sucede en Grafología, el círculo simboliza el Yo y expresa la totalidad de las cosas, nos contiene y delimita nuestra persona del mundo que nos rodea. En el centro del círculo está nuestro núcleo, lo más profundo de nosotros mismos.
  • La línea horizontal: simboliza la energía que surge del pasado y de nuestro vínculo materno hacia los demás, y marca una división entre el mundo de las ideas y el mundo material.
  • La línea vertical: en este caso simboliza la conexión entre nuestra parte espiritual y física y divide nuestro yo en dos partes, el pasado y el presente, lo oculto y lo mostrado.
  • La cruz: esta forma establece una simetría que une todas las partes y es la que concentra la energía de todos los elementos en el centro.

Cómo funcionan los mandalas en los niños

Como pasa al dibujar, cuando el niño dibuja un mandala está proyectándose a sí mismo en el papel y florece su inconsciente de forma natural y espontánea. Las figuras y formas geométricas que, a priori, no tienen ninguna relación con las personas y sucesos de su vida, eliminan las resistencias conscientes a la hora de expresar los conflictos internos que experimenta.

Además, si empleamos los mandalas de una forma continuada captaremos el temperamento del niño y las tendencias naturales que manifiesta, lo que nos ayudará a plantear actividades complementarias para equilibrar su naturaleza interior.

Como decía Carl Jung, renombrado psicoanalista: “El mandala es (…) el camino al centro, a la individuación“.

El trabajo con mandalas

Cuando hablé de la elección de los mandalas para niños, os comenté la importancia de adecuar el dibujo a la edad del pequeño y a su destreza motora. Insisto en la importancia de tener esta variable en cuenta. Las propuestas que aquí os planteo requieren que el niño pueda elaborar mínimamente formas y figuras delimitadas en el espacio. Aunque a los dos años aproximadamente ya existe un control de la mano notable, no será hasta los 3-4 años cuando tendrá un mejor dominio de los movimientos y empezará la expresión verbal que acompaña a los dibujos.

Teniendo todo esto presente podemos plantear diferentes usos en función de las formas y elementos que combinemos. Aquí os pongo algunos ejemplos que os puedan guiar:

Orden – flexibilidad

Puede que el pequeño sea muy cuidadoso y ordenado o se encuentre en un entorno muy pautado, o por el contrario disperse su atención en muchas cosas o haya perdido su figura adulta de referencia, por ejemplo.

En el primer caso, los mandalas donde solo esté delimitado el círculo (sin centro) ofrecen libertad al niño que dibuja, e incluso se le puede dejar a su alcance todo tipo de materiales para que pueda escoger los que más le interesen.

En el segundo caso, nos puede interesar más un mandala con su centro marcado e incluso con las divisiones primordiales (la cruz), de manera que se organiza ese espacio individual, que el niño luego completa libremente según sus necesidades.

Extroversión – introversión

Si queremos saber sobre la manera de relacionarse del pequeño con los demás, las formas en espiral o los mandalas con un centro marcado nos permiten ver la tendencia a la expansión o al recogimiento, es decir, si el niño prefiere abrirse hacia el exterior o centrarse en su yo. También nos da importante información el uso habitual del que haga el niño.

Si normalmente el pequeño dibuja de dentro hacia afuera y selecciona colores cálidos, nos indica un carácter más abierto y jovial, mientras que si se prefiere dibujar desde el círculo exterior hacia el centro y prefiere los tonos fríos, esto nos muestra su carácter introvertido y su preferencia por seleccionar sus relaciones.

Trabajando el mandala de forma contraria a esta tendencia podemos equilibrar (si así se quisiera) dibujando o pintando el mandala en la dirección contraria en casa caso y incorporando los diferentes colores complementarios.

Emociones negativas y conflictos internos

La vida de un niño está llena de experiencias nuevas y muy variadas. Algunas pueden entrar en contradicción con su yo y sus tendencias naturales, y hacerles sentir desbordados y perdidos.

En estos casos podemos utilizar los mandalas con laberintos o en cruz, ya que permiten viajar o regresar a su centro, o salir de su centro hacia el exterior, según la tendencia de cada niño. Con este ejercicio permitimos que conecten con su yo interior por un lado, y por otro que se abran hacia afuera para dejar fluir sus emociones a través del dibujo.

También se pueden trabajar las emociones focalizándolas en el dibujo de alguna forma concreta o algún animal, para que no sea un trabajo tan abstracto.

Toma de decisiones

Puede que el pequeño se encuentre en una situación en la que deba elegir entre varias opciones y no sepa por cual decantarse. En estos casos se pueden diseñar u ofrecer mandalas divididos en tantas partes como opciones tenga en esa cuestión, o emplear diferentes figuras que simbolicen cada alternativa.

Si lo que sucede es que la toma de decisiones genera discrepancia entre pensamiento y acción se puede utilizar el mandala dividido en dos partes verticalmente, y si se refiere a pasar de un estado a otro es más indicado el que está partido por mitad horizontalmente.

Para valorar este trabajo, es interesante saber que le ha sido más fácil y más difícil de dibujar, en que ha utilizado más tiempo y observar la distribución de los colores.

En todo caso, debemos procurar que el niño se sienta cómodo, proporcionándole un entorno tranquilo y relajante. La música en estas actividades es una gran aliada para facilitar la concentración y la calma.

Como veis, el trabajo con mandalas ofrece multitud de opciones para entrar en sintonía con nuestro interior. Aquí os he planteado diferentes trabajos para cuestiones que os podéis encontrar fácilmente en el desarrollo de vuestro hijo o en el aula, pero las alternativas son muchas.

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