Hace poco escribí sobre los instrumentos más adecuados de dibujo, así que ahora le toca el turno a la goma de borrar.

Hace ya un tiempo leí sobre los efectos de la goma de borrar en el aprendizaje de la escritura y el tema me llamó mucho la atención. Recientemente me han preguntado sobre el tema a la hora de dibujar y me ha parecido adecuado comentarlo en forma de artículo.

En él comentaré los efectos psicológicos que implica el borrado en el dibujo y en la escritura, que nos dice del que lo usa y qué alternativas existen para no tener que utilizarlo para la corrección.

El borrado visto desde la Grafología

En primer lugar me gustaría hacer entender qué implica el borrado en Grafología. Como ya hemos visto, las personas nos proyectamos en el papel a través de nuestros garabatos, nuestras letras o nuestra firma. Cada individuo al trazar sobre el papel registra inconscientemente su modo de ser, pensar y sentir a través de microgestos realizados por su mano. Por tanto, esa proyección en el papel somos nosotros mismos, nuestro mundo y nuestra forma de vivirlo. El hecho de borrar implica precisamente hacer desaparecer algo que es nuestro, que nos es propio, una parte de quiénes somos.

Si nos paramos a pensar en el uso de la goma de borrar, veremos que se trata de algo que hemos incorporado de forma artificial en el mundo infantil. Cuando un niño traza sus primeras formas y hace sus dibujos nunca piensa si está bien o mal hecho, simplemente lo hace, disfruta y continua. Jamás pedirá una goma de borrar porque no sabe qué es ni para qué se utiliza. Seguramente la primera vez que la vea pruebe sobre alguna superficie que pasa al apretarla y al ver que no produce ningún efecto visual la acabe dejando a un lado, o bien le dé un uso distinto al que tiene.

Es a partir de que aparecen las valoraciones respecto a cómo dibujar o cómo deben ser las formas que él dibuja, cuando les introducimos al uso de la goma de borrar, momento que suele coincidir con la escolarización.

De alguna manera, mediante estas valoraciones el niño recibe el mensaje de que “hay algo que no ha hecho bien”, algo que ha hecho debería hacerse de otra manera, o que no es lo bastante bueno tal como lo dibujó.

Pero sobre todo esto es así al iniciarse en el aprendizaje de la escritura, cuando el pequeño debe hacer movimientos concretos, totalmente nuevos para él. Así es como la goma de borrar se convierte en compañera inseparable al lado de su lápiz y su cuadernillo.

Esta acción de borrar realizada una y otra vez sobre lo representado sobre el papel es lo que genera de forma inconsciente sentimientos de inseguridad, de angustia y frustración. De hecho, los borrados en la interpretación de los dibujos indican la existencia de conflictos, ansiedad, fuerte autocrítica e indecisión.

Para el niño que aprende algo nuevo, las referencias que recibe del exterior son muy importantes y por eso hacerlo bien pasa a ser una preocupación, a veces casi obsesiva, porque lo que percibe cada vez que realiza la tarea es que nos centramos en lo que “no está bien hecho” más que en lo que sí lo está.

Para entenderles un poco mejor os animo a realizar un sencillo ejercicio, que una de mis profesoras me hizo hacer un día a mí. Probad dibujar o escribir con la mano que no utilizáis de forma dominante y comprobaréis como se crispa el movimiento de la mano al trazar unas determinadas formas a las que no estamos acostumbrados. Pues así se sienten los niños cuando “les toca” hacer un determinado dibujo o realizar sus primeras letras.

¿Cómo sustituir el borrado entonces?

Pues la respuesta que os daré es bien sencilla.

Cuando se trata del dibujo, dejando que este se desarrolle libremente y al ritmo de cada niño. Si puede dibujar las formas a su manera y con su estilo personal, según su propia maduración, no va a ser necesario el uso de la goma de borrar. Como el niño no va a tener que imitar o copiar un dibujo, no deberá corregir entonces ningún trazo y evitaremos así la presión y la frustración hacia el resultado que se obtiene y hacia la pérdida de control sobre su forma concreta de expresarse.

Como afirmaba Viktor Lowenfeld  en uno de sus libros sobre arte infantil, “El niño que imita puede convertirse en un ser dependiente en cuanto a sus pensamientos y llegar a subordinar sus ideas y su expresión a las de otros y su dependencia de otros puede conducirlo a la frustración.”

En la escritura también hay una fácil solución y ni siquiera deberemos utilizar el tachado, que resulta más negativo si cabe que el borrado porque es mucho más visual. Siguiendo las bases de la grafoterapia, simplemente hay que repetir la palabra o letra que se ha escrito, pudiendo enmarcar la falta en un paréntesis o con un subrayado para tenerla en cuenta. En definitiva lo que queremos es promover la práctica, y la repetición nos ofrece la oportunidad de hacerlo. Además, ayudamos en la realización de una escritura más progresiva, ya que el pequeño no debe volver atrás para borrar ni tachar, sino que se vuelve a proyectar de una forma mejorada, avanzando hacia la derecha sin trabas ni frenos.

Con estas sencillas estrategias proporcionaremos un mayor sentimiento de competencia y seguridad en el niño, y esto repercutirá en su felicidad y crecimiento. Y en el caso que un niño tenga interés por imitar un cuadro o una figura concreta y deba corregir alguna parte, dejemos que fluya su creación sin condicionantes y que busque sus propias estrategias para mejorar “los defectos”.

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