Recientemente he tenido la oportunidad de leer varios artículos sobre niños diagnosticados de autismo y sus capacidades creativas con el dibujo. Esto me ha hecho pensar que, independientemente del desarrollo de un niño, de sus capacidades intelectuales y motrices, el dibujo es algo que está muy presente en sus vidas (y lo debería estar, dados sus beneficios).

Con este artículo quiero aportar mi granito de arena a la información sobre el autismo desde un enfoque positivo, donde lo que se ve como defecto pasa a convertirse en cierta manera en una virtud.

Me resulta curioso que se hable del dibujo de los niños con características especiales como si fuera inédito que pudieran dibujar. Parece que por el hecho de tener este trastorno, sea del grado que sea, la gente piensa que están incapacitados para todo, y ante un caso como el de Iris Halmshaw muchos se sorprenden como si fuera algo casi imposible, algo aislado y extraño. Nos olvidamos de que igual que existen limitaciones también hay potencialidades, solo que se trata de una organización mental diferente.

¿Qué es el autismo?

Como muchos sabréis, el autismo está definido como un trastorno del desarrollo que afecta a tres áreas de comportamiento: interacción social, comunicación y comportamientos e intereses.

Para su diagnóstico se establecieron 4 características esenciales:

  1. Comienzo anterior a los 30 meses
  2. Desarrollo social dañado
  3. Desarrollo de la comunicación dañado
  4. Comportamientos repetitivos y estereotipados

Todos los que son diagnosticados comparten éstas alteraciones, pero no así el grado ni la forma en la que se manifiestan.

Por lo tanto, hablar de los niños con autismo es generalizar en extremo, porque los trastornos del espectro autista abarcan una amplia gama de enfermedades del neurodesarrollo y por lo tanto no existen dos casos exactamente iguales (en realidad, tampoco en el resto de niños todo es igual…).

Pero sí es cierto que comparten ciertas características que los distinguen del resto de niños. Los estudios realizados demuestran que no tienen la capacidad imaginativa suficiente para ponerse en el lugar y en las situaciones de los personajes en el juego simbólico. Tampoco poseen la flexibilidad necesaria para crear de la “nada”.

Así pues, lo que a priori nos parece un defecto puede ser considerado una virtud, ya que los niños con este tipo de trastorno perciben la realidad desde otros canales y otra manera que el resto de niños, lo que confiere a sus creaciones un aspecto especial.

Como dijo el genial Albert Einstein, “todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para escalar un árbol, pasará toda su vida pensando que es estúpido.” Y yo creo que así es, todos somos genios, solo que cada uno tiene sus propias habilidades según su naturaleza.

¿Qué hace a sus dibujos especiales?

En general, los dibujos de las personas con autismo (no sólo los niños) se caracterizan por un realismo y una concreción de detalles sorprendente. Esto es debido no solo a esa falta de imaginación que comentábamos (en el sentido de inventar realidades que no existen), sino también a una notable capacidad para comprender los datos percibidos por la visión. Quizá las dificultades en la comunicación verbal, se vean suplidas por la expresión escrita.

Por otra parte, el hecho de estar encerrados en sí mismos les aporta cierta impermeabilidad a la influencia del exterior, lo que confiere a sus obras una originalidad inédita, libre de interferencias.

No es de extrañar entonces que, tratándose de una forma particular de organización mental y una capacidad de percepción concreta, los dibujos de los niños autistas llamen nuestra atención y nos sorprendan.

Casos como el de Nadia o Stephen Wiltshire demuestran la existencia de estas capacidades que no se esperan en las personas autistas. Iris Halmshaw es otro caso excepcional, solo que con ella se nos plantea la cuestión si realmente el autismo comporta una limitación en la imaginación, ya que sus creaciones no reproducen ningún original, no son parte de una imagen que se haya captado previamente. Quizás respondan a esa parte del trastorno donde se ejecutan movimientos repetitivos, pero la variación en cada una de sus obras lo pone en duda. Tal vez responda a una percepción distinta del mundo, más desde el interior.

En cualquier caso, lo que está claro es que no siempre lo que creemos que nos incapacita lo hace. Vale la pena explorar nuestro interior para sacar a la luz lo mejor de nosotros mismos, ¿no creéis?

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