Esta curiosa pregunta no suele plantearse por ninguno de nosotros hasta que no aparecen dificultades claras en cuanto al aprendizaje de la lectoescritura. Sin embargo es una cuestión muy importante que deberíamos tener presente en el desarrollo infantil para facilitar su proceso de maduración.

Uno de las primeras dudas que nos surgen en el proceso de desarrollo de nuestros hijos es si va a ser diestro o zurdo. Para ello normalmente nos fijamos en el uso que hacen de una u otra mano al comer, al dibujar o al coger las cosas. Cuando vemos que suelen hacerlo con la mano derecha nos sentimos aliviados al pensar que su dominancia lateral es como la de la mayoría de nosotros y no hay que hacer nada especial respecto a ello. Si por el contrario vemos que mayoritariamente usa la izquierda, intuimos que va a tener mayores dificultades que los diestros en muchas de las actividades del día a día, sobre todo escolares, y nos interesamos más por la cuestión de su dominancia natural.

¿Qué es la lateralidad?

Antes de entrar en cuestiones prácticas, vamos a aclarar algunos conceptos. Como todos sabemos, nuestro cerebro está formado por dos hemisferios interconectados entre sí, y cada uno de ellos está especializado en determinadas funciones.

Desde el nacimiento, nuestro sistema nervioso se va organizando de tal manera que sus funciones se van distribuyendo en cada uno de ellos y se va consolidando nuestra preferencia de un lado del cuerpo sobre el otro. Está organización asimétrica es lo que se conoce como lateralización.

Como resultado de este proceso, tendremos el dominio funcional de un lado del cuerpo sobre el otro, que se manifiesta en la preferencia de servirnos selectivamente de un miembro determinado (mano, pie, ojo, oído), para realizar actividades concretas (Conde y Viciana, 1977). O lo que es lo mismo, se habrá definido nuestra lateralidad según nuestro hemisferio dominante.

¿Y cuando decimos que hay lateralidad cruzada? Cuando esta dominancia no es del mismo lado en todos nuestros miembros (mano, pie, ojo y oído). Cuando nis definimos como diestros o zurdos, nos referimos normalmente a nuestra mano, pero la mayoría de nosotros desconoce si lo somos con todos los miembros por igual.

¿Qué implicaciones tiene la lateralidad cruzada?

Cuando el dominio funcional de nuestro cuerpo no es homogéneo, implica que utilizamos miembros cruzados para realizar una tarea, lo que añade cierta dificultad a su desempeño, puesto que existe una interferencia en nuestro sistema perceptivo-espacial.

Esto se hace sobre todo evidente en el proceso de adquisición de la lectoescritura, donde existe un desplazamiento de la mano dirigido por el ojo y su buena coordinación es fundamental. Si por ejemplo somos zurdos de mano pero nuestro ojo dominante es el derecho se dará cierta contradicción a la hora de captar la información y guiar este movimiento, por lo que pueden aparecer letras o números invertidos y no se consigue organizar con eficacia un escrito en el papel.

Pero la lateralidad cruzada no debe considerarse ni mucho menos un trastorno ni una enfermedad, sino un fenómeno a tener presente en el desarrollo madurativo del niño al que hay que hacerle seguimiento e intervenir cuando así se requiera, por las dificultades que puede conllevar en los procesos de aprendizaje de funciones complejas.

¿Qué podemos hacer? Ejercicios prácticos

Como padres o educadores, ser conscientes del proceso de lateralización es el primer paso. Durante el segundo año de vida del niño se va consolidando la predominancia de una mano sobre la otra, pero es un proceso que se extiende hasta los 7 años aproximadamente.

Es recomendable ir observando en el niño cuál es el miembro que utiliza de una manera más frecuente. Hacia los 4 años, la mayoría de niños muestran ya de forma clara su lado dominante y es este un buen momento para averiguar la existencia de cruzamientos.

Para su examen, os proponemos aquí unos sencillos ejercicios con los que observar cuál es la tendencia lateral del niño, y se trata de anotar con que miembro los realiza (derecha, izquierda o ambas manos).

dominancia lateral

Fuente: Cobos, P. (1995, reimp. 1998). El desarrollo psicomotor y sus alteraciones. Manual práctico para evaluarlo y favorecerlo Madrid: Pirámide

Por otro lado, existen toda una serie de actividades que pueden ayudar a reforzar la lateralidad, dirigidas a favorecer el conocimiento y el control del propio cuerpo, así como la adquisición de la conciencia espacio-temporal. Algunas de nuestras propuestas son:

  • Reconocer y nombrar las partes del cuerpo (propio y ajeno), ya sea físicamente o a través de dibujos
  • Juegos de puntería (bolos, lanzar dardos a una diana, etc.)
  • Dibujar con los dedos con pintura o sobre la arena
  • Identificar objetos y sonidos con los ojos cerrados, y decir su ubicación -Lanzar y recibir objetos con cada mano
  • Indicar la posición que se tiene respecto a un objeto (derecha, izquierda, delante o detrás)
  • Chasquear los dedos alternativamente con cada mano
  • Tocar cada dedo con el pulgar de la mano respectiva. -Mantener el equilibrio con cada pie.
  • Dibujar objetos a la izquierda y derecha de otro que ya está dibujado
  • Dirigir un carro y otro objeto por algún circuito, o cualquier actividad que implique movimientos direccionales (correr, ir en bicicleta, trepar, columpiarse, etc.)

Teniendo en cuenta el desarrollo de la lateralidad que hemos ido comentando, el período más idóneo para trabajarla se encontraría entre los 4 y los 7 años de edad y debería introducirse en la escuela como fase previa al aprendizaje de la escritura.

En el caso de tener sospechas de lateralidad cruzada, es recomendable consultar a un profesional especializado (logopeda, neuropediatra, optometrista u otros, según sea el caso) para una correcta intervención.

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